lunes, 19 de diciembre de 2011

Reflexiones de diciembre

Por alguna extraña razón no he encontrado tema para apuntar aquí. Se me ocurre pensar que tiene que ver con la época del año, donde uno sin quererlo quizás, se vuelve para adentro, mirando lo hecho, y reflexionando sobre ello.


Sin embargo siento necesidad de mantener un contacto con cierta periodicidad, porque entiendo que así se construyen los vínculos, dando señales por donde uno anda, y para atender a mi silencio interno de estos días, y satisfacer mi necesidad de seguir en contacto, para esta entrada traigo dos vídeos que me impresionaron gratamente.


El primero contiene una serie de reflexiones, simples y atinadas, mira.






El segundo, otra serie de reflexiones, pero aquí referidas a aquellas cosas que tenemos que dejar ir, muchas veces conservamos recuerdos oxidados, que ni nosotros mismos comprendemos porque aún seguimos cargandolos.




A veces sólo podemos mirarnos, sólo podemos dar muy poco de nosotros, y no necesitamos dar explicaciones, que ni para nosotros tenemos, porque hay cosas que suceden sin ser demasiados conscientes de ellas y necesitamos tiempo y silencio para acomodarlas y seguir.


Felices Fiestas, Venturoso 2012


Felicidades !!

jueves, 24 de noviembre de 2011

Conocerme desde mi hacer

Para comenzar quiero contarte una vivencia personal para, desde ella, encarar la reflexión de hoy. Siempre tuve facilidad para las matemáticas, no hubo, en todo mi trayecto de escolarización, un tema, en esa área, que me resultara difícil resolver o entender.

Siempre significo un juego apasionante y divertido, captaba de primera lo nuevo que me enseñaban, me sentía una exploradora en los territorios matemáticos, por así decirlo.

Dada esta facilidad era frecuente la presencia de compañeras de colegio en mi casa, o bien para resolver ejercicios, o bien para tratar de entender un tema nuevo, tanto de matemáticas como de física, igualmente divertida para mi.

Desde muy joven tuve la sensación que la dificultad esta en mirar prejuiciosamente el aprendizaje que queremos aprehender. De movida aquellas compañeras aducían: "es difícil", "no se entiende", ... y cualquier comentario que intentara hacer, para que no se condicionaran a priori, caía en saco roto, indefectiblemente la respuesta era: - claro porque a vos no te cuesta - y entonces abandonaba cualquier otro comentario, resultaba estéril.

Esta visión explica para mi, el hecho de que muchas veces etiquetamos las cosas como "difíciles" para justificar la falta de voluntad para volverlo por lo menos manejable, voy a poner un ejemplo así se entiende a lo que apunto.

Si nos daban un problema del tipo: Fuiste con dos amigas a la casa de tu abuela, quien tiene árboles frutales en su patio trasero. Recogieron manzanas, de las que comieron una cada una y convidaron también con una a tu abuela, que aceptó de buen grado. Las manzanas que entre todas comieron representa un tercio del total de las recogidas. De las restantes, la mitad se llevaron tus amigas y tu te quedaste con cuatro. ¿ Cuántas manzanas recogieron en total ?.

Era un problema sencillo, pero antes de siquiera intentar entenderlo comenzaban a preguntarse ¿ cómo se plantea la ecuación ?, o bien apelaban a las bromas para dilatar el abordaje, comentarios como: mira que me importa que hace esta niña con la abuela, sus amigas y las manzana ... risas, risas, ...

Y la cosa no pasa por recordar cómo se platea la ecuación, sino en imaginar la situación, tratar de visualizarla, luego se buscará la forma matemática de expresarla. Muchas veces queremos resolver las cosas como nos dijeron, o suponiendo, sin muchos argumentos, que encontraremos la respuesta haciendo esto o lo otro, como se suele decir: "de taquito", sin prestar la mínima atención. Es apelando a nuestra intuición, a nuestra imaginación como encontramos respuestas, aunque a veces parezcan disparatadas.

Cave aclarar aquí, que en estas materias era buena, pero en las restantes era "normalita, normalita", y en castellano francamente "malita, malita", las faltas de ortografía eran terribles, daban pena.

Todos tenemos áreas que no manejamos, que nos desafían a buscar nuevos enfoques, para tratar de mejorar. En mi caso lo logré con muchas horas de lectura. Resulta que el colegio notificó a mis padres del problema que tenía con la ortografía, de modo que me pusieron a estudiar las reglas ortográficas, aunque lo hice, lo cierto es que no lo hice de buen grado, mi amor propio se había sentido un tanto resentido, pero no tanto, y si con esto superaría el problema, bueno me dije: hagámoslo. Por supuesto, no dio grandes resultados, porque mi interés era de medio para poco, sin embargo, con el tiempo entendí que sembré las bases para mejorar.

Al atravesar la universidad, soporté "estoicamente" las bromas de mis compañeros que leían mis apuntes de clase, y creo que fue allí que tome real conciencia de la importancia de escribir correctamente, entonces puse más atención al hacerlo, con lo cual logré una mejora sustancial.

Trabajar con las ciencias duras es grato para mi, siento que entro a un espacio de conciencia diferente, es abstracción pura, sin embargo, al cabo de años en ese terreno sentí la necesidad de abordar otros campos del saber, surgió la necesidad de saber más sobre mi misma y las circunstancias que atravesaba, entonces me aboque a estudiar Psicología Social, poder entender muchas cosas propias y del entorno, me resultaba atrayente y despertaba mi curiosidad.

Sin embargo, el enfoque de los conocimientos era diferente, comencé a moverme en un terreno nuevo, todo resultaba novedoso, porque mientras en las matemáticas o física las cosas son de una manera determinada, en humanidades un mismo acontecimiento o circunstancia puede tener varias miradas diferentes.

Al tiempo que mi curiosidad aumentaba, mis ansias por saber me atrapaban en horas de lectura, aprehendí que cuando uno hace las cosas con pasión y gozo todo se vuelve ligero, sin esfuerzo, sin darnos cuenta vamos corrigiendo las falencias, y poco a poco dominamos el hacer.

Sucedió que sin ser consciente de ello, mis escritos se volvieron más ajustados, en cuanto a la ortografía, al tiempo que disfrutaba escribir. Comprendí también que cuando le ponemos pasión y gozo al hacer, los resultados llegan, más fácilmente.

Cuando todo nuestro ser esta conectado con lo que estamos haciendo, estamos en el aquí y ahora, entonces disfrutas haciendo tu tarea, un día te sorprendes al darte cuenta, que aquello que tanto te condicionaba, ya forma parte del anecdotario de tu vida.


Para terminar voy a aclarar cuantas manzanas recogieron aquellas niñas, de modo tal, que puedas tu también entender, como se encuentra el número matemáticamente.

Si indicamos con X el total de manzanas recogidas, entonces X representa el número a determinar. Cuando en el problema se dice que: comieron una cada una y que representan el tercio del total, matemáticamente se indicaría así: X/3

Si el total es X y se comieron el tercio de las manzanas recogidas, queda claro que es X/3.

Luego dice: del resto, que no es otra cosa que, el total menos un tercio del total: (X - X/3), la mitad se llevaron tus amigas, lo que se expresa como 1/2.(X - X/3) y a ti te quedaron 4 manzanas.

Entonces la ecuación a plantear tiene esta forma: X/3 + 1/2.(X - X/3) + 4 = X

O sea, el tercio que comieron, más la mitad del resto, más cuatro que te quedaron a ti, suman el total de las manzanas recogidas, para mi resulta simple. Una vez planteada la ecuación, la resuelves aplicando las reglas de la suma algebraica, con lo cual obtendrás el valor de X , que para este problema resulta igual a 12.

A veces, porfiamos en la búsqueda de soluciones que nos hace dar muchas vueltas alrededor de las mismas cosa, porque estamos condicionados por nuestros pre-juicios. Convendrá en esos casos dejar el problema de lado, poner nuestra atención en otra parte, al hacer esto logramos desenfocarnos del abordaje anterior, y muchas veces, al volver encontramos el modo de resolverlo.

Entiendo que enfrentar lo nuevo muchas veces implica un desafío, pero si transformamos los inconvenientes en medios para agudizar nuestro ingenio, nos volveremos más sutiles en la apreciación del día a día.


Meditar - A practicar

Siempre he dicho que no es lo mismo aprender que aprehender, bueno como últimamente he venido marcando la importancia de estar en el Aquí y Ahora, la mayor parte del tiempo, y que un modo de lograrlo es: meditando, en esta entrada voy a unir ambos aspectos.

Aprender lo entiendo como incorporar una serie de conceptos sobre un tema determinado, memorizar, retener y comprender el tema, mientras que aprehender es hacer propio ese nuevo conocimiento, es asir, tomar, es decir, atravesar la experiencia, vivir en "carne propia", de ser posible, eso que pretendo asimilar.

Decía en Realidad - Por qué meditar que: La mayoría de nosotros estamos dominados, la mayor parte del tiempo, por nuestros pensamientos y emociones. Esto nos lleva a pensar que somos estos pensamientos y sentimientos. Meditación es el espacio de simplemente ser, sólo experimentando.




También se dijo allí "Los métodos de meditar son técnicas o herramientas para crear un ambiente interno que nos desconecta del cuerpo-mente, y uno simplemente es".


Meditar consiste, en principio, en observar tu respiración.

se dijo también allí: porque "El cuerpo siempre está aquí y ahora, la mente no está nunca aquí y ahora, ése es todo el conflicto. Tú respiras Aquí y Ahora, no puedes respirar lo de mañana y no puedes respirar lo de ayer. Tienes que respirar en este momento, pero puedes pensar en lo de mañana y puedes pensar en lo de ayer".

Teniendo todos estos datos presentes quiero compartir este vídeo, que ha llegado a mis manos, para que experimentes por ti mismo, la idea de lo que puede significar si meditas frecuentemente, con regularidad en el tiempo.




La práctica es una manera de aprehender sobre Meditar, de sentir qué te pasa cuando lo haces. Es un ejercicio sencillo, mostrado de una forma didáctica y amena, y como te insumirá muy poco tiempo, ... pues a practicar.



lunes, 21 de noviembre de 2011

El Tiempo - Experiencias de vida

En varias entradas anteriores he referido al tiempo, desde una mirada filosófica a una mirada innovadora por cierto de Tolle, que nos habla de El poder del Ahora, sin embargo, para poner en perspectiva nuestra propia experiencia en relación al tiempo, aquí traigo dos historias de vida que pueden contribuir a repensar nuestra propia experiencia.

La primer historia tiene que ver con desactivadores de bombas que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. Por su tarea quedaron profundamente marcados, sin embargo, algunos alcanzaron más de noventa años de edad, con una “lujuria insólita” por la vida, una actitud que según el reportero que hizo la nota para La Vanguardia, Geoffrey Smith, a comienzos de 2009, atribuye al resultado de haber arriesgado sus vidas a diario durante años. “Sabían que la vida era hermosa, porque en cualquier momento se la podían haber quitado, sabían el valor de cada minuto de vida”.

La segunda historia la relata el doctor Oliver Wolf Sacks en su libro "La isla de las cicas", donde expone sobre una extraña enfermedad neurológica que afectaba a una paciente, llamada Eufrasia, que pasaba todo el día postrada en una silla, completamente paralizada, hasta que las enfermeras le administraban su dosis diaria de L-dopa.

Esta pequeña cantidad de medicina le proporcionaba sus únicos veinte minutos de vida normal en todo el día, que la mujer trataba de aprovechar frenéticamente para contar y hacer todo lo que había estado planificando, durante las largas horas de parálisis.

Antes de continuar con el relato cave decir que, entre 1917 y 1928 cinco millones de personas en todo el mundo se contagiaron, de manera fulminante, de una misteriosa enfermedad, identificada como “encefalitis letárgica”, que dejó a un tercio de los afectados postrados de por vida e incapacitados para moverse.

En el verano de 1969, un joven médico de Nueva York creyó encontrar una solución, Oliver Wolf Sacks, neurólogo inglés que ha escrito libros sobre sus pacientes, donde describe sus casos con poco detalle clínico, concentrándose en la experiencia fenomenológica (vivencia subjetiva) del paciente. El caso de Eufrasia le recordaba su experiencia en Despertares, libro que fue llevado al cine.

Volvamos a la historia, “Catorce minutos después de haber recibido su L-dopa”, explica Sacks, “Eufrasia saltó de repente y se puso de pie con tanto ímpetu que tiró la silla hacia atrás, se precipitó hacia el corredor y empezó a hablar por los codos con todo el mundo; era una conversación animada, casi incomprensible, pues se atropellaba tratando de decir todo lo que deseaba manifestar, pero no podía, mientras estaba paralizada”.

“Pero aquella mujer que era un torrente de vida”, prosigue, “al cabo de veinte minutos, con la misma brusquedad con que había salido de su estado original, volvió a él, y tras bostezar repetidamente, quedó sumida en una completa parálisis”.

Lo angustioso del caso, si lo pensamos un poco, no es sólo que Eufrasia tuviera el resto del día para planificar todo lo que iba a hacer y decir durante sus escasos veinte minutos de vida real, sino el hecho de que sus planes se vieran frustrados, día tras día, por la propia angustia de conocer que el tiempo, para realizarlos, era limitado.

Tal vez, salvando las distancias, nos ocurre un poco a todos como a Eufrasia, que nos pasamos la vida amontonando hermosos planes en la cabeza, sueños inaplazables que nunca realizaremos, porque nos falta tiempo.

Para que entonces perdernos en el pasado, con recuerdos quizás no muy gratos, o imaginando un futuro por el que poco hacemos por materializarlo. Sólo disponemos del Aquí y Ahora, es lo único cierto que tenemos.

Para terminar te dejo estos dos símbolos: el de la izquierda Koko: "este lugar", el de la derecha Ima: "este momento" - Aquí y Ahora.



Esta entrada contiene parte de la nota realizada por Antonio Martínez Ron, que titula "Veinte minutos en la vida de Eufrasia".


domingo, 20 de noviembre de 2011

Time lapse reflejando el mundo de hoy

En Vídeos - Time lapse - Tilt Shift referí a dos técnicas que actualmente se utilizan para realizar vídeos con fotografías. Aquí traigo dos vídeos empleando la técnica Time Lapse, es decir utilizando una serie de fotografías, tomadas desde un mismo lugar, con un intervalo de tiempo determinado, y luego ensambladas, logrando resultados sorprendentes.

El primero se hizo con una cámara a bordo de la Estación Espacial Internacional, uniendo más de 600 fotografías, produciendo un recorrido completo al planeta, que incluye sistemas tormentosos, luces nocturnas de ciudades, auroras, ... en un minuto damos una espectacular vuelta al mundo.




Este vídeo lo extraje de Amazings que puedes consultar aquí.

Otro vídeo que quiero que veas es el que realizó Gerarld Donovan, con una cámara Canon 5D Mark II. El 11 de noviembre de 2011 apuntó al Hotel Burj Khalifa (el edificio más alto del mundo) y sacó una foto cada 30 segundos, durante 24 horas.

Eso dió como resultado un total de 2880 tomas que compiló en dos minutos, para que tengamos éste espectacular Time Lapse de Dubai, por si todo volaba por los aires es de suponer, ya que se había vaticinado el fin del mundo para ese día. Comentarios al margen, mira el resultado aquí, donde lo he visto hace unos días.

Con creatividad y ganas de compartir se pueden lograr vídeos asombrosos ¿ no te parece ?






Estar en el Aquí y Ahora

En varias entradas he referido ya a la importancia de estar en el aquí y ahora, la mayor parte del tiempo, es un tema esencial para comprendernos, para conocernos.

Eckhart Tolle ha escrito un libro llamado El poder del Ahora, es un libro, como dice en la contraportada, con el poder de cambiar vidas, de despertarnos para comprender plenamente quiénes somos.

De lectura apasionante, si te interesa indagar sobre tu ser, te hará más consciente de como los pensamientos invaden tu ahora, te entretienen o anclan en la mente, desviándote de tu esencia.

En el siguiente vídeo Tolle en persona habla de cómo romper el hábito de pensar demasiado, es realmente muy rico y didáctico al mismo tiempo.





Para ampliar un poco el pensamiento de Tolle te invito a ver el siguiente vídeo, es un extracto de su libro El poder del Ahora.




Si tienes interés en leer el libro de Eckhart Tolle, El poder del Ahora puedes hacerlo aquí donde podrás también descargarlo si lo deseas.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Intuición o Suposición

Siguiendo con el tema de los Esquemas Mentales cabe preguntarse: - cuando decimos mi intuición me dice ... ¿ es en verdad intuición o suponemos que tal cosa es de determinada manera? -, veamos lo que dice Juan Antonio Currado, psicólogo argentino, al respecto.

Cuando suponemos algo … estamos evocando (consciente o inconscientemente) algún recuerdo que tiene alguna similitud con lo que está sucediendo en el presente; a partir de una experiencia previa particular, hacemos una generalización que puede ser asociada y aplicada a un hecho actual.

Hay veces en que una suposición se presenta disfrazada de intuición.

La intuición es un saber instantáneo, directo; no requiere de información previa, no esta mediado por ningún tipo de razonamiento ni deducción. En cambio, en la suposición interviene el pensamiento, el razonamiento, la reflexión.

Ejemplos de suposiciones hay montones a cada instante, uno sencillo: Caliento agua para prepararme un té y escucho el ruido que hace la pava cuando el agua alcanzó la temperatura deseada; a partir de esa experiencia particular hago una generalización que me permite entender que cada vez que escucho el mismo ruido significa que el agua ya está lista para preparar otro té.

El suponer es útil y económico. Su utilidad consiste en permitirnos disponer de sin números de experiencias colectivas e individuales almacenadas en nuestra historia cultural y personal. Su economía radica en que podemos proveernos de información apropiada procedente del pasado, en lugar de derrochar energía y tiempo haciendo un largo recorrido de ensayos, cada vez que queremos lograr algo.

La suposición lleva implícita alguna hipótesis, o sea que provisionalmente estoy estableciendo algo como valido hasta tanto la experiencia confirme o niegue su validez. Dado que la confirmación o negación de lo supuesto depende de lo que resulte de la experiencia presente, la funcionalidad del supuesto requiere del estar abierto a lo que acontece en el aquí y ahora, de manera tal que la información del pasado y la del presente se enriquezcan mutuamente.

Gracias a la información atesorada en el pasado vamos auto definiendo los propios puntos de vista, las creencias y los conocimientos con los cuales armamos el modelo del mundo a partir del cual basamos las suposiciones.

Lo aprendido puede facilitar el seguir aprendiendo o puede obstaculizarlo. Cuando la información que emana del presente deja de nutrir a lo que se aprendió en el pasado, entonces hacemos oídos sordos a lo nuevo que nos trae el presente y quedamos escuchando sólo las voces del pasado; la validez del supuesto deja de ser una hipótesis a confirmar o negar, y se transforma en un hecho inapelable.

El supuesto se convierte en disfuncional cuando nos alejamos de la posibilidad de ir experimentando las cosas tal como son, y nos ensimismamos en el como pensamos y creemos que son; entonces la suposición deja de ser útil y económica para ser inútil y costosa, porque la información que teníamos queda cristalizada, y su inadecuación al presente nos cuesta un sin fin de problemas.

Todos nos manejamos con suposiciones, de hecho suelen haber muchos supuestos en las relaciones entre las personas. Cuando las suposiciones son funcionales, todo marcha de maravillas.

Por ejemplo: Supongo que a mi pareja le va a gustar un obsequio sorpresa que tengo para él, y su evidente alegría al momento de abrir el regalo confirma la validez de mi suposición.

Las cosas se complican cuando confundo lo obvio (lo que se manifiesta externamente) con lo que pienso y/o siento respecto de lo obvio (lo que se manifiesta internamente); en tales casos la suposición se cierra en sí misma y deja de ser una hipótesis a confirmar para transformarse en una certeza que prescinde del aval de las pruebas.

Veámoslo con otro ejemplo: Carlos le habla a Eduardo y mientras que lo hace nota que Eduardo mira reiteradas veces para otro lado en lugar de mirarlo. Esto le recuerda a Carlos una penosa experiencia de su pasado en la que a quien le hablaba realmente no le interesaba lo que él le decía, por esto que en vez de mirarlo se distraía con otras cosas; así es que motivado por aquella experiencia previa y prescindiendo en el presente de alguna prueba emite el siguiente veredicto:

a Eduardo no le interesa lo que estoy diciendo

y reacciona en consecuencia. En este caso, lo obvio es que Carlos habla y que Eduardo mira hacia otro lado. Cuando Carlos supone que el significado de la acción de Eduardo es que a éste no le interesa lo que le esta diciendo, en realidad eso es lo que siente y piensa respecto de lo que observa. Aquí es cuando la experiencia de su universo interno reemplaza la experiencia del universo externo, entonces la suposición adquiere categoría de concluyente afirmación.

Es contraproducente olvidar las experiencias vividas en el pasado; pero si se circunscriben la riqueza de los matices del universo presente sólo a las experiencias pasadas: quedará un universo de pobres matices.

Si ante un hecho presente se activa internamente una emoción y/o pensamiento que tiene su origen en el pasado, puede que ocurra porque hay alguna “herida” abierta que esta pidiendo que la ayuden a “cicatrizar” o que esa “herida” ya haya sanado y que este disponible como aprendizaje para no “chocar dos veces como la misma piedra”. Sea cual sea el caso, es útil reconocerlo y es legítima su presencia. Pero, no obstante, esto no da derecho a reducir el significado de la experiencia de la otra persona al significado de mi propia experiencia.

Siguiendo con el ejemplo de la persona que no es mirada cuando habla, en base a su experiencia previa puede suponer un significado al hecho de que no lo miren, pero es muy probable que se haga daño a sí mismo (al otro y a la relación) el dar por sentado que el que no sea mirado signifique con certeza lo que él supone que significa.

En base a la experiencia previa puede hacerse suposiciones a modo de hipótesis, pero sin olvidarse de confirmarla o rectificarla lo más objetivamente posible conforme todos los datos presentes. La tarea consiste en distinguir y diferenciar lo que se manifiesta en mi exterior, de aquello que se manifiesta en mi interior; es decir, no confundir lo obvio (lo que se manifiesta fuera de mí) de lo que pienso y/o siento respecto de lo obvio (lo que se manifiesta dentro de mí).

Para constatar o no el supuesto, muchas veces también puede ayudarnos la persona destinataria de dicha suposición.


Si el tipo de relación lo permite, se le puede contar a la otra persona cual es el supuesto que hago cuando veo que hace o dice tal cosa … y preguntarle, para que el otro confirme si dicha suposición es verosímil. Retomando el ejemplo anterior, sería decirle algo así:

Cuando te hablo y estás mirando para otros lados, me siento desvalorizado y supongo que no te interesa lo que te estoy diciendo. Como no quiero manejarme únicamente desde los supuestos te pido que me digas si cuando miras para otro lado es porque verdaderamente no te interesa, o si lo haces por algún otro motivo

o simplemente decirle:

Veo que cuando hablo no me miras y en cambio miras para otros lados.
¿ Podrías decirme porque lo haces ?

Cada persona y cada tipo de relación tienen su singular estilo de comunicación; sin caer en “recetas” validas para todos, cada uno buscará su mejor manera de corroborar con el otro la validez de su supuesto.

Pueden ser múltiples los motivos por el cual el otro mira a otros lados y no a quien le habla.

Hasta podría ocurrir que ni siquiera había reparado en eso que hace, o que lo sabía, pero ignoraba que el hacerlo hacia sentir mal a quien le hablaba. Claro que también puede que no le interesara lo que le estaban diciendo; pero sea cual fuera la respuesta, se estará propiciando un diálogo a partir de lo que a cada uno le pasa, en lugar de encerrarse en el monólogo de la eterna suposición.

Al preguntar estoy abriendo mi universo interno para contactar con el universo interno del otro, es una invitación a que cada uno sepa algo más del otro. Puede resultar que a partir de eso se fortalezca el vínculo o hasta podría suceder que se debilite, pero pase lo que pase… siempre será mejor que lo que ocurra sea producto de realidades concensuadas y no de irrealidades imaginadas.



martes, 15 de noviembre de 2011

Conectando con la realidad

Decía en Realidad - Por qué meditar que La realidad sólo es una interpretación de las percepciones sensoriales que recibimos, pero estas percepciones están condicionadas por nuestra experiencia, la que se nutre de nuestros recuerdos. El problema esta en que no nos podemos fiar de nuestros recuerdos, porque cada vez que recordamos algo, a la vez que lo reforzamos, lo estamos alterando.

También decía allí que, la experiencia va conformando Esquemas Mentales, que muchas veces bloquean las posibilidades de innovar, de explorar nuestra forma de relacionarnos, por ello es tan importante vivir momento a momento, estar en el aquí y ahora la mayor parte del tiempo.

Como dice el Licenciado en psicología Juan Antonio Currado:

¡Con que facilidad la mente revolotea por lugares diferentes de donde esta nuestro cuerpo, y que difícil es que se pose en lo que estamos haciendo … en el presente … en el "aquí y ahora"!.

Tal es esta dificultad que en las enseñanzas del Budismo Zen se señala que la maestría consiste en poder llegar a decir:

“cuando como, como; cuando trabajo, trabajo; cuando duermo, duermo…”

El aquietar la mente es un aprendizaje igual de valido para toda cultura y en todos los tiempos.

Aunque en nuestra civilización, cada vez más nos olvidamos de realizar esa tarea; cada vez más disponemos de estímulos: televisión, celulares, internet, juegos digitales, ... que obstruyen el ir conectando con nuestros sentidos a cada instante.

El presente se nos escurre de la consciencia; alcanza unos minutos de viaje en taxi, tren o colectivo para ya estar buscando celulares y/o reproductores de música, que nos distraigan de donde estamos y de nosotros mismos … para llevarnos a algún otro lugar …


Creemos que para sentirnos mejor tenemos sí o sí que tener algo que ahora nos falta, entonces el presente resulta ser un mero paso, cuyo único propósito es el de llevarnos a algún futuro proveedor de felicidad. Esta creencia es la otra cara de la moneda de un consumismo a ultranza.

La posibilidad de estar plenos con nosotros mismos, con nuestros vínculos y con nuestro entorno, queda postergada hasta tanto dispongamos de lo que ahora carecemos (sea esto el último celular, otro auto, una vivienda mejor, otro trabajo, más tiempo libre, una pareja, un hijo, etc.).

Nos movemos en círculos y en ese andar no sólo consumimos objetos que luego nos llevará a consumir otros objetos …, también consumimos el presente en aras de un futuro mejor ..., y así corremos el riesgo de ir consumiéndonos … desconectados.

Es auspiciosa la tecnología que nos permite comunicarnos con quien sea desde donde estemos. Pero si siempre parece ser más interesante o más urgente el comunicarnos con quien esta en otro lugar, desaprovechamos la comunicación con quien tenemos al lado.

El mirar buscando siempre en otra parte no es algo que solamente lo hacemos con los otros … también lo hacemos con nosotros mismos.

Estamos deshabituados al silencio que nos conecta con lo que sentimos y que nos permite darnos cuenta de cómo estamos aquí y ahora. Las veces que nos conectamos pero no nos gusta lo que encontramos … nos menospreciamos pensando que nuestra auto-estima mejorará cuando seamos quienes no somos ahora (cuando seamos más seguro, cuando estemos más flacos, cuando tengamos menos arrugas, cuando seamos más simpáticos, etc.).

Renunciamos a la posibilidad de valorarnos tal cual como somos ahora; ilusamente pensamos que nos vamos a valorar cuando alcancemos aquello que suponemos que nos falta … aunque ese futuro nunca llega porque como todos y todo es perfectible … siempre pensaremos que falta algo. Ya conocemos la metáfora de aquella zanahoria imposible de alcanzar por más que corramos, porque esta atada por delante del carro en el que vamos.

Sí logramos que nuestra mente esté anclada en el “ahora” de nuestro cuerpo y de nuestros sentimientos …, viviremos cada instante como una semilla que es valiosa no sólo por la promesa de que algún día llegará a ser árbol, sino también porque ya es valiosa en tanto semilla que esta siendo.

La conexión con el presente, con nosotros mismos y con quienes nos estamos comunicando … nos hace más próximos a nuestra esencia y desde allí accionaremos de manera más fluida y creativa. Cuando esto ocurre, hay más posibilidades de que, sin ansiedades, la semilla despliegue el árbol que deseamos ...

Hasta aquí los dichos de Juan Antonio Currado que puedes ver aquí, y termina el artículo con una frase de Anthony de Mello, muy ilustrativa por cierto. (Si haces un clic sobre ella podrás leer lo que dice)


Con estas lecturas se puede aprehender mejor los diferentes aspectos que conlleva el estar en el aquí y ahora, la riqueza del estar en el momento presente, la mayor parte del tiempo.

Aprehender en fin, a "Conectar con lo que sentimos, y de cómo estamos aquí y ahora".


miércoles, 9 de noviembre de 2011

Conectando con mi esencia

Ya he marcado la importancia de meditar para conectar con el aquí y ahora, o bien desarrollar actividades que hacen que mente y cuerpo estén juntos en el aquí y ahora, como dije en Para silenciar al narrador crónico.

También ya dije, en otra entrada, que mi modo particular de aquietar a mi narrador crónico es hacer manualidades en madera, eso de buscar los modos de resolver los inconvenientes que en la materialización de algo acontece, me sumerge en otro espacio tiempo.

Esta vez el desafío fue hacer una chacra para que uno de mis niños, Juan, jugara con sus animalitos diminutos. El niño en cuestión ama los animales y esta en contacto con ellos, ya que sus padres frecuentan el campo de un familiar, con lo cual conoce de caballos, vacas, ovejas, pollos, patos, conejos, en fin, el mundo del campo.


El esbozo de lo que haría, en trazo grueso, tenía la forma que indico aquí arriba, una casa, un galpón, un cerco para delimitar el campo y otro cerco para un área de siembra o de pastoreo. Claro, el primer asunto a atender era la escala a la que lo haría, se me ocurrió que lo mejor era conseguir un tractor, y que sus dimensiones definirían las demás.

Teniendo el tractor comencé construyendo la casa, de paredes de fósforos usados y su cubierta de madera balsa. Cuenta con ventanas, puertas, una chimenea, y además le adosé un porche, como tienen las viejas casonas de campo. El problema no estaba en el diseño, sino en el tamaño diminuto de sus componentes.


La casa la realicé sobre una base independiente, esto me permitió ir apropiándome de la idea, es decir, fui definiendo mentalmente, mientras la construía, cómo serían las demás partes, galpón, área de siembra o pastoreo, en fin imaginar la dimensión de la chacra, para así definir las dimensiones de la base de madera que la contendría.

Previa consulta con la mamá de Juan, sobre el tamaño más apropiado, para que al tiempo de ser adecuado para jugar, resultara práctico para guardarlo, surgieron algunas costumbres de Juan, en relación a como jugaba con sus animalitos, que imitaba de los que trabajan en el campo que visitan y de su rica imaginación.

Con toda esta información decidí que la mejor medida para la base sería cincuenta por ochenta centímetros, la casa tiene unos doce por ocho centímetros y el galpón lo definió el tamaño del tractor.

En cuanto al galpón, las columnas son de fósforos, pero entre columna y columna lo hice con unas maderitas que se utilizan para hacer helados caseros, y que había adquirido pensando hacer todas las construcciones con ellas, pero resulta muy engorroso pues no son rectas, por tanto difícil de unirlas.


El galpón lo construí sobre la base de la maqueta, luego procedí a cercar el perímetro y entonces surgió la pregunta de cómo hacer la visagra de la tranquera, porque no hay campo sin tranquera, y si hay tractor, vehículos y animales que mover, no podía faltar una tranquera.

Cave decir aquí que no tengo muchas herramientas, las voy improvisando a medida que surgen las necesidades, bien pues, se me ocurrió que a modo de bisagra para la tranquera, podría utilizar un palillo de escarbadientes, y funcionó, aunque lograr la apertura y las distancias adecuadas llevo muuuuucho tiempo.

Es en estas cuestiones que me concentro de tal modo que me olvido de lo que me rodea, me centre totalmente en lograr la movilidad de esta diminuta tranquera y todo mi ser estaba allí.

Tenía el cerco perimetral, tranquera que podía abrirse, galpón, casa con porche, y también el cerco para el área de siembra o pastoreo, sin embargo, antes de colocar la casa decidí pintar el cerco, el galpón y el suelo, entendí que tendría menos obstáculos para hacerlo, y fue una excelente idea. Debajo puedes ver el conjunto una vez ensamblado.


Algo diferente a la foto de las ideas preliminares ¿ no ?. Entre el galpón y el cerco interior agregué una puertita, un trozo de madera diminuto, como detalle, digo esto porque trato de hacer las cosas lo más cercanas a lo real, por eso tenía que agregar esta puerta para poder acceder al área de siembra.

La tranquera tampoco la monte hasta terminar de pintar, el mecanismo es demasiado sensible para estar manipulándolo mucho, empero, cuando Juan recibió el regalo fue precisamente la tranquera la que sufrió la mayor prueba, pero eso será tema para más adelante.

El cerco lo hice con madera balsa, los postes de 5 mm por 5 mm con una altura de 45 mm y las tablas horizontales de 5 mm por 2 mm de espesor, que ayudada de una tablita fui demarcando en cada poste la altura donde pegaría cada tabla.

Cuando hacemos juguetes para niños de dos años, entiendo que hay que atender a la robustés, porque aún son torpes en movimientos y fuerza, por ello a cada poste le perforé la base y le agregué un trocito de fósforo, de modo que, perforando la base de la maqueta, a distancias equidistantes, ubique los postes. Así, no sólo la cola lo mantendría en su sitio sino también, al dotarlo de esa traba, le conferí fortaleza y evite corrimientos.

Bueno así quedo el conjunto, ya en plena actividad, con animales, tractor, vehículos y plantas.



En relación a la prueba que sufrió la tranquera hay que decir que, cuando entregue el campo a Juan, estaba de visita una prima de la misma edad, y por supuesto, ella también quería jugar, cosa que a él no le gustó ni ahí, de modo que le surgió un berrinche de aquellos, y del primer manotazo voló, literalmente, la tranquera, rompiendo también las maderitas del cerco adyacente a ella. Retos, llanto y una pequeña bataola, que provocó que el campo fuera a parar a las alturas, el llanto siguió un rato hasta que volvió la calma y siguieron jugando con otras cosas.

Pasado el incidente, me aboqué a solucionar el problema, con la ayuda de la mamá y cola en manos restituí las cosas a sus lugares y se puso a secar.

Al día siguiente, y para mi sorpresa, hablando con la mamá de Juan, me dice de la tranquera: - funciona de diez, parece que el coscorrón le vino bien - risas ... y agrega - pasa horas jugando con su campo, con sus animales, ... y a todos le dice: me lo hizo la tía Mabel - hay mejor pago que esto, para mi es el mejor, su inocencia y su alegría, al tener su propio campo, son una retribución superlativa.

Por mi parte estos trabajos, que puedo hacer de tanto en tanto, porque lleva mucho tiempo y no siempre dispongo de el, me conectan con mi ser, libre del narrador crónico y conectada a la solución de problemas, francamente resultan vitales, al tiempo que me gratifica el regalo que los niños me hacen, su autenticidad, su ternura, su alegría desbordante ...

Siempre complacen estas pequeñas cosas, son las que verdaderamente importan, sin mucho "ruido" nos hacemos parte de la vida de los niños, contribuimos a desarrollar su imaginación y como recompensa obtenemos abrazos, besos y risas a granel, las que sazonan gratamente nuestros días.


Así entiendo el compartir con los niños, dejarlos volar con su imaginación y proveerles de aquellas cosas que la enriquece. Hacerlo con mis propias manos también significa una invitación para que, en un futuro cercano, sean ellos los hacedores, que se animen a construir, que aprendan que no todo esta hecho o se compra, el valor del trabajo y la paciencia que se requiere para todo, enseñándoles en fin, a "acompañar", cada uno desde su lugar, aportando lo que puede, poniendo en juego lo mejor de si. Así honraran la vida.


lunes, 24 de octubre de 2011

El Tiempo y el Yo

Sigo con el tema: tiempo, es interesante repensar lo dicho en Teoría de la Relatividad - Otra mirada - Primera parte y las sucesivas, acerca de que el tiempo se lentifica mientras que el espacio se contrae cuando vamos a grandes velocidades, y que no somos consciente de ello porque todo depende de la posición del que observa. En otras palabras, si viajo en un tren a cierta velocidad, dentro del tren observo que quien esta a mi lado esta quieto, mientras que si miro hacia afuera, todo parece moverse en sentido contrario al movimiento del tren.

Ahora te invito a mirar el cielo, que descubras, si aún no lo habías visto antes, la enorme cantidad de estrellas que tenemos en nuestra galaxia (varios cientos de miles de millones), aunque de todas ellas sólo unas pocas son visibles. Pero no importa cuantas ves, porque esto no va de astrología ni de cosmología, sólo pretendo mostrar que: toda esa luz que contemplas, cuando miras las estrellas, procede de lugares remotos y de un espacio-tiempo que ya no es, toda esa luz que percibes pertenece al pasado, puesto que la estrella más cercana a nuestro Sol, Próxima Centauri, esta a cuatro años luz, y después de esta ya tenemos que empezar a contar las distancias en cientos de años-luz.

Cuando miras el cielo estrellado estás mirando pues al pasado, porque la luz viaja a aproximadamente 300.000 km por segundo, como ya se dijo alguna vez, y por tanto es necesario el transcurso de cierto tiempo para percibirlas, de modo que cuando la luz de una estrella llega a tu retina la estrella ya no esta allí.

Un poco lo mismo que cuando nos observamos a nosotros mismos, cuando nos autoobservamos también estamos mirando al pasado aunque no somos demasiado conscientes de ello, igual que nos pasa cuando miramos las estrellas: creemos que están ahi encendidas, como si fueran las lucecillas de una fiesta, nada de eso, esas lucecillas que vemos ya no están alli, la fiesta se terminó hace millones de años luz. Y esa es la trampa que se encuentra oculta en el verbo mirar y sus correlatos, ver, observar o descubrir.

No sabemos mirar porque cuando miramos lo hacemos desde un concepto. Desde la neblina de esas gafas que nos impiden ver las cosas tal y como son, no importa si lo que miramos es un árbol o una flor, no importa lo sencillo que sea aquello que miramos: siempre lo hacemos desde nuestra previa categorización del mundo, la cosa ya se complica cuando miramos a nuestro prójimo y mucho más cuando nos miramos a nosotros mismos.

Podemos aprender de esto que nadie sabe como es en realidad porque siempre se mira a través de una abstracción, una abstracción de si mismo. Abstraer, según la RAE es separar por medio de una operación intelectual las cualidades de un objeto para considerarlas aisladamente. entonces ¿quién soy yo?

¿Y cómo saberlo si cuando nos miramos lo hacemos desde esas gafas conceptuales que llevamos puestas cuando miramos cualquier cosa? Una pequeña encuesta entre mis conocidos, a la pregunta de quién soy yo, la mayor parte de las respuestas obtenidas se acumulan y parapetan entre estos conceptos:

Un nombre, unos apellidos, un carnet de identidad.

Un cuerpo, una cara, una presentación social.

Una profesión.

Un pueblo, un origen, una ciudad o entorno social, etnia o grupo.

Un estado civil, un hijo, un padre, una maternidad, una familia.

Una hazaña deportiva, una afición, un viaje, una aventura, un periplo.

Una obra literaria, científica, politica, etc.

Un carácter, una patología, una enfermedad, una forma de ser.

¿ Te has hecho a ti mismo esa pregunta?. Bien, ahora imagínate que has escrito cinco respuestas diferentes a esa pregunta, en cinco diferentes papelitos, y comienzas a descartar una por una tus respuestas. Al final te quedarás con un ultimo papelito en tus manos. Esta ultima respuesta es el Yo que crees esencial, el resto, los descartes, son Yoes accesorios, prescindibles.

¿ Cual es tu último papelito ? No hace falta que lo digas, pero te voy a dar la respuesta que dio Shopenhauer a esta pregunta. Shopenhauer era uno de esos pensadores que invirtieron gran parte de su vida en pensar sobre este mismo asunto y que se debatió toda su vida en la contradicción de no importarle nada lo que los demás opinaran de él y que por consiguiente no leyeran sus obras.

Este señor ha sido uno de los pensadores que más han influido en la manera en que nosotros hoy nos imaginamos el mundo, se puede decir que Shopenhauer era un ser obsesivo, misantrópico y excéntrico pero de tonto no tenia ni un pelo.

Su hallazgo filosófico más importante y por el que es reconocido académicamente hablando es que - como él mismo proclamaba - había resuelto el problema del noumeno kantiano.

Kant había sido su maestro y era en aquella época junto a Hegel uno de los bastiones de la filosofía alemana. Lo que Kant planteaba es algo que hoy ya no discute nadie: que la realidad que percibimos no es la realidad-real, sino aquella parte de la realidad que somos capaces de representar y que al ser representada se modifica.

Kant dividió la realidad en dos partes: la realidad fenoménica de la que tenemos noticia a través de nuestros sentidos, por ejemplo de un dolor de vientre, o el picotazo de una abeja y la realidad noumenica es decir aquella parte de la realidad que no podemos representar y que escapa de este modo a nuestra percepción.

Volviendo al ejemplo del árbol y la flor es evidente que cada persona ve un árbol o una flor distintos según su experiencia previa. Recuerda cuando viste un árbol o una flor por primera vez, quizá tengas la experiencia de recordar la primera vez que viste el mar. Esa mirada de niño, inocente del que descubre algo por vez primera es la experiencia noumenica, pues sin experiencia previa no seria posible tener una experiencia fenoménica de qué cosa es el mar y esa primera mirada limpia de categorías ya no volverá a producirse nunca más.

Es por eso que la infancia es aquel lugar donde codificamos el mundo y es por eso que la infancia sea tan vulnerable a cualquier suceso que la perturbe.

Lo que Kant plantea es la imposibilidad humana de captar la realidad tal y como es, pues en toda realidad existe algo noumenico que no está codificado, no está representado y es por tanto inefable. Lo que decimos hoy es que mi percepción de la realidad contiene siempre un cierto sesgo que va aumentando, cuanta más implicación emocional tengo con lo observado. Por ejemplo, solemos cometer más errores cuando observamos algo que nos desagrada que cuando contemplamos algo agradable. ¿Y qué decir cuando nos observamos a nosotros mismos y a nuestras razones?

La novedad que Shopenhauer introdujo en la teoría Kantiana es que hay algo en el noumeno que si puede ser apresado, no todo él es opaco o inaccesible para la experiencia mental humana. Y si puede ser apresado es porque tenemos un instrumento que nos lo posibilita, este instrumento es el cuerpo o como diríamos hoy en términos más psicológicos, la intuición, la subjetividad o la capacidad de anticipación.

Hoy se sabe que nuestra mente es un simulador intencional de acciones, es decir algo que va más allá que la experiencia pasiva y receptiva que Kant le asignó. La mente humana no solamente recibe inputs de la realidad sino que los crea constantemente y más que eso: a través de ese juego constante de inputs y outputs modificamos la realidad. O dicho de otra forma: la realidad no es algo objetivo e inamovible sino que interactúa con ese generador intencional que es nuestro cerebro y la modifica.


Qué es lo esencial en el Ser, el Yo esencial es un vacío con conciencia. O dicho de una manera más simple, lo que yo soy y usted es es simplemente eso, el Ser replegado sobre si mismo: ya lo dicen los físicos que el vacío absoluto no existe y que siempre se conserva algo de energía, seguramente esa energía que anima lo animado es precisamente lo que Shopenhauer llamaba la Voluntad y otros como Freud llamaron la libido, otros el chi y otros de cualquier otra forma, pues ese vacío burbujea y se expande como dicen que hace el universo, es expande desde el principio de los tiempos que ahora se llama big bang o sea desde que decidimos nacer.

Pero ese vacío aspira a rellenarse, a veces le basta un nombre, una propiedad, una bandera, unas señas cualesquiera de identidad, pero es precisamente esa identificación la que nos separa de los otros y no sólo de los otros sino de la realidad, es por eso por lo que algunos como Krishnamurti se empeñan en decirlo:

De lo que se trata es de aprender a mirar.

El arte de mirar como si fueramos niños, mirar dentro de uno mismo: ahi está la clave, el Yo esencial es el Ser siendo.


Para aquellos que quieran aprender a ver las estrellas y no quieran tropezarse con sus recuerdos, sus condicionamientos, sus prejuicios o sus sesgos perceptivos les aconsejo lean este post donde Paco Traver recoge un texto de Krishnamurti y que se llama "El arte de ver".

Esta entrada es un extracto de un artículo de Paco Traver sobre Quién soy yo y que puedes ver completa aquí.




jueves, 20 de octubre de 2011

El Tiempo y la conciencia

He mostrado lo difícil que es definir el tiempo, hay varias miradas - que he ido apuntando en anteriores entradas -, pero aquí quiero referir a porque le viene bien a la mente el tiempo fluyendo.

Terminaba la entrada anterior diciendo: le viene bien a la mente considerar el tiempo fluyendo, porque sino no existiría conciencia. Cave decir aquí que se entiende por conciencia, del latín es "conocimiento compartido", diferente de consciencia ser consciente de ello.

Conciencia se define en general como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno, se refiere a la moral o bien a la recepción normal de los estímulos del interior y del exterior.

Conciencia se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos. Conciencia se aplica a lo ético, a los juicios sobre el bien y el mal de nuestras acciones.

La conciencia se entiende como la capacidad de valorar el presente. A efectos prácticos, la conciencia se refiere a la capacidad que nos indica qué está bien o mal. Estas valoraciones del instante que acontece, permiten al individuo percibirse a sí mismo como alguien capaz de modificar su entorno o por el contrario como alguien sujeto a unas restricciones que le superan.

Tenemos conciencia cuando sabemos lo que está aconteciendo en nuestro Yo y otorgarle un concepto, ya en lo que es propio de nuestro mundo interior, ya en lo que es el mundo exterior que en él se refleja.

La conciencia presenta algunas propiedades claramente diferenciadas: dinamismo, unidad o totalidad, subjetividad, intencionalidad y conocimiento certero. La conciencia predispone a la persona a actuar de forma equilibrada entre su cosmovisión y los hechos percibidos en el presente.



La cosmovisión es el conjunto de saber evaluar y reconocer que conforman la imagen o figura general del mundo, que tiene una persona, época o cultura, a partir del cual interpreta su propia naturaleza y la de todo lo existente en el mundo.

Ahora sí, entremos a reflexionar el artículo de Paco Traver sobre Tiempo y conciencia. Dice: Los humanos percibimos al tiempo como algo que fluye en dirección al futuro, que arranca del presente y tiene proyecciones hacia atrás, hacia el pasado.

En realidad esa condición del tiempo no es real, sino un artefacto de nuestra conciencia. El tiempo, según la teoria de la relatividad, no es sino una coordenada, un punto, un instante tal y como se recoge en la cita de Heidegger

No es el tiempo lo que se os da, sino el instante.
Con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo.

el resto es un constructo ilusorio de nuestra mente.

A nadie de nosotros se nos ocurriría imaginar el espacio como un constante fluir, y sin embargo nuestra percepción intuitiva es que el tiempo pasa, corre y fluye, algo que se opone a la equivalencia espacio-tiempo que conocemos desde la teoría de la relatividad descrita por Einstein y que hoy no discute nadie.


Pero si el tiempo forma parte del espacio y es inseparable de él, ¿ por qué nuestra percepción es la de un tiempo en movimiento ?

Todo parece indicar de que a nuestra mente le viene muy bien esta concepción de un eterno fluir del tiempo. En realidad no existiría conciencia humana sin tiempo fluyendo. Pues sin tiempo tampoco existiría el Yo y sin Yo careceríamos de historia, identidad y seríamos sólo autómatas sin proyecto.

El Yo es una parte de la conciencia que asegura la continuidad de la experiencia; otra cosa es meterle el dedo al concepto y averiguar "quien soy yo", una de esas tareas filosóficas de enorme calado, y que han motivado a grandes pensadores y filósofos de la mente a exprimirse los sesos, sin que nadie haya acertado a contestar ni de lejos esa pregunta. La aproximación más acertada - y que procede del propio Heidegger - desde mi punto de vista es esta: ser es tiempo.

Dicho de otra forma: nuestra mente se vale de un truco de prestidigitación para inventarse un tiempo a su medida, un tiempo sensible, ese que medimos con los relojes.

Es comprensible porque el Yo necesita echar mano de su memoria para dotar de contenido a la experiencia del hoy, sin esa comparación permanente, que realizamos con lo que ya hemos vivido, sería difícil asegurar una respuesta adaptativa a las circunstancias cambiantes y a las novedades que nos plantea la existencia.

Es evidente que, aunque tener conciencia no supone en sí mismo una ventaja biológica, el saber que se tiene una conciencia, el de disponer de un Yo - una conciencia que se sabe a si misma - sí tiene ventajas biológicas.

Para Llinás el Yo sería un órgano de síntesis (una idea que podemos rastrear incluso en Freud) y lo situa además en el tálamo, esa gran olla a presión donde se dan cita todas las referencias sensoriales y del cerebro profundo; el Yo para Llinás sería el resultado del cómputo de toda la parafernalia neuronal que allí se da cita, pero no todo el mundo está dispuesto a aceptar de entrada que ese constructo realmente exista y algunos neurocientíficos como Dennet parecen prescindir totalmente de él en su modelo de mente.

Lo cierto es que el Yo es una patata caliente de las neurociencias, pues no puede explicarse a través de la simple computación neuronal.

Benjamin Libet fue un neurofisiólogo famoso por un experimento en cierta forma paradójico, o al menos inquietante, que parece negar el libre albedrío, y cuyas conclusiones vienen a señalar que en realidad toda la actividad que nosotros rotulamos, como voluntaria, está predeterminada inconscientemente mediante un esquema pre-motor.

Estos experimentos de Libet son muy citados por casi todos los defensores del determinismo maquinal de la mente y es para ellos la demostración de que eso que llamamos libre albedrío es poco más que una ilusión.

Es así como algunos entienden que resuelven el problema mente-cerebro, haciendo como Descartes y sacando a empujones la mente de una evaluación cientifica.

Algunos son bastante activos en la defensa de la ortodoxia computacional clásica y en un modelo de la mente maquinal y - neuronal por tanto -, por mi parte he llegado a una conclusión: la discusión se alimenta de prejuicios religiosos - como no podia ser de otra manera - puesto que casi todo el mundo sigue identificando alma con mente y siguen percibiendo la idea de Dios pululando por entre las sinapsis; y es bien cierto que algunos tienen horror a esta idea, mientras que otros - también es cierto - desearían encontrarse a Dios entre las neuronas.

Sólo así puede entenderse que algunos se definan como ateos, haciendo ostentación de ello como si fuera un mérito de su curriculum.

Yo no tengo ningún horror a los conceptos teológicos que subyacen en algunas formulaciones neurocientíficas, pero vaya por adelantado que no creo que alma y mente sean equivalentes y que reducir la actividad cerebral a la actividad neuronal no sólo no explica a la mente misma sino que además es falsa.

Interesante mirada sobre el tiempo y cómo se explica que nuestra mente haya construido este artilugio para definir el Yo, parte de la conciencia que asegura la continuidad de la experiencia. Puedes ver el artículo completo en este sitio.



martes, 18 de octubre de 2011

El Tiempo - Otra mirada

En anteriores entradas traje una mirada filosófica del tiempo, diferentes aportes de filósofos, aquí quiero mostrarte las reflexiones de Paco Traver que parten de analizar una frase de Sigmund Freud: El tiempo no existe en el inconsciente, y comienza puntualizando que la palabra tiempo tiene varias acepciones:

El tiempo, más conocido por todos, el cronológico, el que marca los relojes. La hora como intervalo simétrico igual a si misma en todos los casos.

El tiempo atmosférico, es decir el que se refiere al clima.

El tiempo como experiencia subjetiva, como tiempo vivido. Es esa extraña cualidad que hace que el tiempo transcurra más rápidamente cuando somos jóvenes y más lentamente cuando somos mayores, o estamos aburridos, se trata de un tiempo asimétrico donde no es posible asegurar que los intervalos del pasado son o serán iguales que los del futuro.

El tiempo como momento oportuno, como momento justo. Estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, algo que remite al sentido de oportunidad. El kairós de los griegos.

El tiempo al que se refiere Freud, no es fácil de identificar con los arriba mencionados. De lo que Freud hablaba era de la atemporalidad, es decir, de la eternidad.

La flecha del tiempo en el inconsciente no señala necesariamente hacia el futuro, y todos tenemos experiencias de esa realidad frecuentemente mientras soñamos, pareciera como si el cerebro humano poseyera un registro que permitiera, a los humanos, poner el tiempo del revés, cosa que no es nada rara, porque también podemos hacer otras cosas muy singulares cuando soñamos: volar, viajar a grandes distancias y recorrer escenas vividas o imaginadas sin necesidad de traspasar los muros de la lógica espacio-temporal.

Algo semejante sucede con la contradicción: mientras soñamos no podemos decir “no” y es por eso que para negar algo necesitamos afirmarlo.

Está absolutamente demostrado por algo más potente que la ciencia: la experiencia directa y personal, ¿quien no ha tenido un sueño donde el tiempo parece haberse quebrado, prolongado o torsionado por la narración onírica?

Helios Jaime es un lingüista de la Sorbona, de origen argentino, que recientemente ha publicado una monografia titulada “Ideosemántica de la inteligibilidad del universo”; en ella sostiene una hipótesis personal: que existen correspondencias entre las palabras - sus raíces semiológicas - y los hechos naturales de los que se ocupa la ciencia, es decir que entre el fenómeno y su aprehensión formal existe una palabra común para varias lenguas - con raíces compartidas - que tratan de apresar esta idea.

Se trata de una hipótesis muy sugerente porque nos permite predecir aquello de que “si tiene nombre seguramente existe” y lo “que no tiene nombre es seguro que no existe”. Parece una buena idea y en su trabajo pone ejemplos diversos acerca de estas correspondencias que existen entre determinadas palabras y realidades fácticas.

Se ocupa del tiempo, tal y como otro argentino ilustre - Jorge Luis Borges - hizo en forma de ficción, con aquella obra titulada "Historia del tiempo". Una frase de esa colección de cuentos dice: "El tiempo es una metáfora de la eternidad".

Efectivamente existen al menos dos clases de “tiempo”, de lo que los físicos y los cosmólogos podrian decir más cosas. Uno es eso que llamamos duración, y que mide esa entelequia (cosa irreal) que llamamos horas, una forma arbitraria de dividir el día, teniendo en cuenta lo que tarda la tierra en dar una vuelta completa sobre si misma.


Esta versión del tiempo que está relacionada con la duración de las cosas, de las cosas que están destinadas a desvanecerse o desaparecer, fue en realidad un invento de los griegos. Ellos le llamaron Cronos y más tarde los romanos le pusieron el nombre de Saturno. Y de ahi viene la voz castellana “cronológico” con el que identificamos el tiempo en su versión de duración, ese que es una especie de plazo fijo para las vidas de los seres humanos, y para todo lo vivo.

Pero los griegos tenían otra versión del tiempo, al que llamaron aion, que en griego actual significa “siglo” pero que en su versión clásica nombraba la expansión infinita o eterna del impulso vital. De ella deriva la voz latina “aevum” (eternidad) y la castellana “eones” con la que denominamos hoy una interminable cantidad indeterminada de tiempo y de ella procede también la voz francesa élan, impulso.

No deja de ser curioso que los clásicos de todas las culturas dispusieran de una palabra para designar el tiempo asimétrico, un tiempo vinculado al espacio tal y como sabemos hoy desde la enseñanza de Einstein. Y otra palabra para nombrar el tiempo como duración, algo que siempre es simétrico, lo que significa que una hora en el siglo X es igual a una hora del siglo XXI pues se trata de una convención, de algo consensuado.

Nada de esto parece suceder en el tiempo entendido como expansión permanente, desde el Big bang para acá nada hay de simétrico en el tiempo, el universo ha continuado su expansión, lo que es lo mismo que decir que, el espacio-tiempo se expande constantemente de forma infinita. Y equivale a decir que, no existe una correspondencia simétrica entre cualquier instante del pasado y del futuro.


Significa que el tiempo contemplado de esta manera está relacionado con uno de los criterios fundamentales de la fisica cuántica, aquella que enunció Heisenberg con el nombre de Principio de incertidumbre y que puede interpretarse de esta manera: aunque podamos atribuir duración (tiempo cronológico) a los fenómenos, a medida de que estos se alejan del presente hacia el futuro o el pasado, las previsiones son cada vez mas aleatorias.

Una cuestión que todos podemos experimentar con nuestra propia memoria: simplemente no podemos asegurar que nuestros recuerdos respondan a la verdad vivida desde el punto de vista histórico, nuestra memoria nos engaña o dicho de otra manera no podemos asegurar que lo que recordamos responda a la verdad experimentada puesto que se rigen por los principios cuánticos de probabilidad, las previsiones son asi aleatorias.

El tiempo se puede medir pero esta medida no correponde con el tiempo propiamente dicho.

El tiempo en realidad carece de duración.

Y este es precisamente el tiempo al que se refiere Freud cuando habla de la atemporalidad del inconsciente, va hacia adelante (futuro) y hacia atrás (pasado) y se rige por el prinicpio de Heisemberg , un principio cuántico más que por el determinismo clásico. Todo en él es probabilidad y aleatorio al menos cuando desconectamos la corteza cerebral y nos dormimos: no cabe ninguna duda de que si en el cerebro existe un representante del reloj (horlogue= horas+logos) es la corteza cerebral, una especie de delegación del tiempo como duración, del tiempo de Cronos, el que siega con su hoz la vida de los hombres.

Y todo parece indicar que en el interior o en las profundidades de nuestro cerebro existe una delegación abierta por la eternidad y que podemos observar fenoménicamente a través de nuestra imaginación, de nuestra interminable creatividad, algo que no tiene fin, que no tiene bordes y que se expande infinitamente.

Hasta aquí las reflexiones de Traver, es asombroso como asumimos el tiempo duración y omitimos el tiempo expansión, es decir atender a que el tiempo es una variable más con la que describimos el Universo, Einstein introdujo la idea de ese espacio-tiempo de cuatro dimensiones. Esto le viene bien a la mente humana - el tiempo fluyendo - porque no existiría conciencia sin el tiempo fluyendo, pero ese será tema de otra entrada.